No puedes tomar de mi cuello, llevarme a esa gloria para después, suavemente, apartarme de ti sin alejarme de tu vida. Pedirme que me contenga. Contenerme. No sirvo para la contención. Ritmos diferentes. Siento que soy yo la que se va adaptando al ritmo, como siempre. Eso no es bueno, para mí no lo es. A mí me gusta el fluir, el saciar, el tocar... Me ha encantado este "estar en las nubes". Voy a ver qué pasa un par de días más, hasta donde soporto la contención.
No tenía gran emoción en mi vida, cierto. No tengo claro si estoy dispuesta a pagar estos precios. Yo valgo más. Yo valgo mucho. Mucho más. Soy lo mejor que tengo. Y pienso cuidarlo.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
domingo, 9 de diciembre de 2012
En las nubes
No sé cómo puede ser la torta, desde tan arriba, pero ahora mismo no me importa.
No sé lo que durará, pero tampoco importa. Solo importa el aquí y el ahora.
El descubrimiento, la percepción y, aunque suene cursi, la esperanza. Satisfecha.
No puede ser de otra manera.
Si es que no puedo quejarme, la suerte me sonríe. Porque de unos días a ahora, cada hora, cada minuto, ha sido un disfrute, un placer auténtico.
Conociéndome, puede que algún día tenga que borrar esta entrada, que me conozco, pero me da el pálpito de que no.
Alguna vez tenía que ser diferente. O ser lo que tiene que ser. Lo que tiene que ser para mí.
Tres días en la gloria bien valen lo que venga.
Ains! qué alucinante!!
No sé lo que durará, pero tampoco importa. Solo importa el aquí y el ahora.
El descubrimiento, la percepción y, aunque suene cursi, la esperanza. Satisfecha.
No puede ser de otra manera.
Si es que no puedo quejarme, la suerte me sonríe. Porque de unos días a ahora, cada hora, cada minuto, ha sido un disfrute, un placer auténtico.
Conociéndome, puede que algún día tenga que borrar esta entrada, que me conozco, pero me da el pálpito de que no.
Alguna vez tenía que ser diferente. O ser lo que tiene que ser. Lo que tiene que ser para mí.
Tres días en la gloria bien valen lo que venga.
Ains! qué alucinante!!
viernes, 9 de noviembre de 2012
Ni lo sé, ni me importa
Crear nueva entrada, dice.
Entrada. Nueva. Crear. Ni idea, oye.
Nuevo no es, pues es un poco lo de siempre. Entrada, igual, pero solo un ratito. Y crear, lo que se dice crear, no sé lo que se crea ¿incertidumbre?
El paso del tiempo hace que parezca que nada perdura en realidad, más estas cosas intangibles del corazón y de la mente, que no van más allá de momentos, sensaciones y sueños.
Luego está el día a día. Un paso, otro paso, y el final que es el que es, pero que no queda más remedio.
Cada vez me gusta más el invierno. A mí, que adoraba el sol. The winter is coming... dicen, pues va a ser verdad y me alegro.
Tampoco queda otra que acostumbrarse, aunque no es esa la causa. Son cambios de percepción, canas y arrugas. Igual.
Los días nubosos, con nubes altas o bajas, blancas u ominosas tienen muchos más matices que el liso y llano azul del cielo veraniego. ¿Será eso?
Ni idea.
Ya sé, ya sé: entro poco y encima críptica.
Asimismo os quiero.
Entrada. Nueva. Crear. Ni idea, oye.
Nuevo no es, pues es un poco lo de siempre. Entrada, igual, pero solo un ratito. Y crear, lo que se dice crear, no sé lo que se crea ¿incertidumbre?
El paso del tiempo hace que parezca que nada perdura en realidad, más estas cosas intangibles del corazón y de la mente, que no van más allá de momentos, sensaciones y sueños.
Luego está el día a día. Un paso, otro paso, y el final que es el que es, pero que no queda más remedio.
Cada vez me gusta más el invierno. A mí, que adoraba el sol. The winter is coming... dicen, pues va a ser verdad y me alegro.
Tampoco queda otra que acostumbrarse, aunque no es esa la causa. Son cambios de percepción, canas y arrugas. Igual.
Los días nubosos, con nubes altas o bajas, blancas u ominosas tienen muchos más matices que el liso y llano azul del cielo veraniego. ¿Será eso?
Ni idea.
Ya sé, ya sé: entro poco y encima críptica.
Asimismo os quiero.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Igual y diferente
Todo a la vez.
Igual debería volver a recluirme, pero prefiero mil veces esta desazón a aquella depresión. Ahora me siento viva. Ya está.
En fin, ya pasará y si no, también.
Jolín, cómo me cuesta escribir!
Yo que he desnudado mi alma sin pudor, hoy es el día que me cuesta muchísimo. Lo que se cambia.
Y eso que vengo aquí porque pocos de los que me siguen me conocen. Ains! ¿será que me hago mayor?
Bueno, que sepáis que estoy dispuesta a que me sigan pasando estas cosas, que tampoco es que tengan mayor trascendencia, aunque llenan de color y de calor la vida esta.
Qué diablos! me lo pasé divinamente y acabamos mejor, poco más se puede pedir. Hasta disfruté de los momentos de angustia sentimental que me corroyeron un rato. Todo es estar vivo.
Igual debería volver a recluirme, pero prefiero mil veces esta desazón a aquella depresión. Ahora me siento viva. Ya está.
En fin, ya pasará y si no, también.
Jolín, cómo me cuesta escribir!
Yo que he desnudado mi alma sin pudor, hoy es el día que me cuesta muchísimo. Lo que se cambia.
Y eso que vengo aquí porque pocos de los que me siguen me conocen. Ains! ¿será que me hago mayor?
Bueno, que sepáis que estoy dispuesta a que me sigan pasando estas cosas, que tampoco es que tengan mayor trascendencia, aunque llenan de color y de calor la vida esta.
Qué diablos! me lo pasé divinamente y acabamos mejor, poco más se puede pedir. Hasta disfruté de los momentos de angustia sentimental que me corroyeron un rato. Todo es estar vivo.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Ellos, que son geniales
Va. Ya tocaba.
Cómo no! Si casi casi ha sido memorable! Habrá que contarlo!
La imagen recurrente es de lluvia, de un abrazo a tres, de un reencuentro.
En el camino ha quedado mi voz, como siempre.
Cuando ayer me levanté no esperaba acabar el día como lo acabé. Y eso creo que es lo mejor. Lo inesperado, lo espontáneo.
Empecé respirando hondo y diciéndome, a modo de mantra, que el día pasaría enseguida, que tuviera paciencia, que total eran unas horas. Hasta que, pese a la lluvia, el sol salío para mi corazón a través de sus ojos y de sus sonrisas. El día cambió de rumbo completamente. Cantamos, bailamos, bebimos, saltamos, nos abrazamos montones de veces... para acabar compartiendo cama y pensamientos en susurros como chiquillos.
Así que tengo que decir que, aunque me encanta dormir sola, de vez en cuando se agradece mucho un poco de calor humano, un mucho de cariño y un montón de sueño.
No suelo dormir mucho después de una noche de juerga, así que casi todo el rato estuve escuchando su respiración, sonriendo en la oscuridad, atesorando en la memoria el momento, intentando dormir y volviendo a sonreír.
Compartir cama con un amigo ha sido tanto o más placentero que tener sexo después de una noche de estas.
Voy a parafrasear un poquillo: ellos son mi sol y mis estrellas!
Ya puede acercarse el invierno todo lo que quiera!
Cómo no! Si casi casi ha sido memorable! Habrá que contarlo!
La imagen recurrente es de lluvia, de un abrazo a tres, de un reencuentro.
En el camino ha quedado mi voz, como siempre.
Cuando ayer me levanté no esperaba acabar el día como lo acabé. Y eso creo que es lo mejor. Lo inesperado, lo espontáneo.
Empecé respirando hondo y diciéndome, a modo de mantra, que el día pasaría enseguida, que tuviera paciencia, que total eran unas horas. Hasta que, pese a la lluvia, el sol salío para mi corazón a través de sus ojos y de sus sonrisas. El día cambió de rumbo completamente. Cantamos, bailamos, bebimos, saltamos, nos abrazamos montones de veces... para acabar compartiendo cama y pensamientos en susurros como chiquillos.
Así que tengo que decir que, aunque me encanta dormir sola, de vez en cuando se agradece mucho un poco de calor humano, un mucho de cariño y un montón de sueño.
No suelo dormir mucho después de una noche de juerga, así que casi todo el rato estuve escuchando su respiración, sonriendo en la oscuridad, atesorando en la memoria el momento, intentando dormir y volviendo a sonreír.
Compartir cama con un amigo ha sido tanto o más placentero que tener sexo después de una noche de estas.
Voy a parafrasear un poquillo: ellos son mi sol y mis estrellas!
Ya puede acercarse el invierno todo lo que quiera!
lunes, 7 de marzo de 2011
La vida con frases hechas
Es lo que me viene a la cabeza cuando escucho lo que pasa al otro lado de la puerta, mientras esperan.
Una vida pausada, parece. Yo tengo ese recuerdo, de cuando era pequeña. Y lo mismo me viene a la cabeza luz y flores de primavera que luz y nieve de invierno. Es curioso, me gusta la luz como constante aunque me he ido acostumbrando a la penumbra y la oscuridad del invierno y de la gente. No queda otra. No es sucumbir, es adaptación.
Aquí, no tan lejos de la civilización como pueda parecer, el tiempo tiene otra cadencia que es la misma y es distinta a la vez.
Vienen bien estas salidas. Le dan a la semana otra perspectiva. Esta semana me toca trabajar en la unidad móvil. Recorriendo la provincia, tan distintas sus gentes de una punta a la otra. Casi son una extrapolación del mundo... casi.
Pero aquí y ahora me siento cerca de estas mujeres. Algo hay por lo visto que me mantiene cerca y eso que yo pensaba que estaba a años luz. Igual es la vida que traza círculos...
De la que realmente estoy cerca es de mi misma. Por eso entiendo que quizá se pueda vivir con frases hechas. Con la única que necesito tener verdaderas conversaciones es conmigo. Por fin parece que me entiendo, no sé hasta cuando.
Hoy luce el sol, el paisaje es espléndido. Toca disfrutar.
Una vida pausada, parece. Yo tengo ese recuerdo, de cuando era pequeña. Y lo mismo me viene a la cabeza luz y flores de primavera que luz y nieve de invierno. Es curioso, me gusta la luz como constante aunque me he ido acostumbrando a la penumbra y la oscuridad del invierno y de la gente. No queda otra. No es sucumbir, es adaptación.
Aquí, no tan lejos de la civilización como pueda parecer, el tiempo tiene otra cadencia que es la misma y es distinta a la vez.
Vienen bien estas salidas. Le dan a la semana otra perspectiva. Esta semana me toca trabajar en la unidad móvil. Recorriendo la provincia, tan distintas sus gentes de una punta a la otra. Casi son una extrapolación del mundo... casi.
Pero aquí y ahora me siento cerca de estas mujeres. Algo hay por lo visto que me mantiene cerca y eso que yo pensaba que estaba a años luz. Igual es la vida que traza círculos...
De la que realmente estoy cerca es de mi misma. Por eso entiendo que quizá se pueda vivir con frases hechas. Con la única que necesito tener verdaderas conversaciones es conmigo. Por fin parece que me entiendo, no sé hasta cuando.
Hoy luce el sol, el paisaje es espléndido. Toca disfrutar.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Mañanas de domingo
Por titular con algo. Porque se podría empezar con cualquier cosa. Para acabar posiblemente como siempre.
Estoy muy agradecida al tiempo. Al cronológico. No al atmosférico. Aunque a este último ya me he acostumbrado y lo llevo hasta bien.
Agradecida, decía. Sí. Al menos va acabando con la ansiedad. No con toda, que aun quedan reminiscencias que hacen eco en mi estómago, reclamando algo que no puedo darle pero que intento llenar con todo eso que no conviene al cuerpo, hasta que se vuelve a imponer la mente y, distracción tras distracción, alejamos el vacío hasta la siguiente andanada.
Si tuviera ese blog conectado directamente a la cabeza, escribiría muchas más entradas. Lo hago mentalmente casi todos los días. Me quedan divinas, con sus negritas y sus comillas y lo que haga falta.
En fin, que el tiempo va pasando y me voy convenciendo a mi misma de que esta es otra vida más, que ya he vivido otras y que otras más me esperan. Esta fe es únicamente para alejar la dichosa ansiedad, si no, no habría quien viviese.
Siento estar cubierta de un escudo que hace que todo resbale sin afectarme. ¿Cuándo se ha creado esa cubierta? ¿cuántas capas tiene? ¿hasta dónde es capaz de crecer?
Algo así hace que pases de ser personaje a ser espectador. Al menos debería hacerlo. Porque de pronto te encuentras siendo protagonista de algún momento puntual, doloroso, luminoso, o todo a la vez, que hace que todo lo que más o menos tenías controlado, se vaya al garete y te deje literalmente con el culo al aire, planteándote si es cierto que todo tiene un significado, porque si no lo tiene no lo entiendes, y entonces o eres tonta perdida o te falta un hervor y no te habías dado cuenta... y entras en un bucle sinfín hasta que duermes, limpias el disco duro y al reiniciar de un nuevo día, ves que todo es más o menos igual o quizás no, pero da lo mismo.
Tú eres tú y con eso tienes que vivir. A poco que te compares no tienes de que quejarte, por lo que empiezas la mañana con la teoría de la relatividad, sigues por felicitar un cumpleaños que te agradecen con un escueto "gracias" e intentas olvidarte de él, pues total tampoco lo conoces más que lo justo y es muy justo, así que vamos a intentar no pensar, que es un rato difícil, sumergiéndonos en las muy placenteras pérdidas de tiempo que tiene la red, dejando pasar la mañana y después la tarde del domingo, que siempre han tenido ese sabor tan especial, tan amargo muchas veces, con revoltijo de estómago incluido.
Porque si algo era desagradable era una tarde de domingo. La sensación ominosa de final, espesa, nauseabunda... hasta en verano se dejaban sentir las tardes de domingo, pese a que los lunes bien podían ser al sol...
Hace unos pocos años que me vacuné contra las tardes de domingo. Algo ayudaron las prácticas ejercidas en aquel entonces, pero quiero creer que todo el trabajo fue interior, como casi siempre.
Ahora que lo pienso, quizá es un exceso de significado el que tiene la culpa de que los domingos sean lo que son. Los domingos de la infancia eran el final de una semana que siempre era larga, así como el preludio de inicio de otra semana igual de larga... era tanto el tiempo que restaba hasta la madurez... yo quería ser mayor.
Después en la juventud, los domingos eran los de la resaca, el mal cuerpo después de la juerga del sábado, el saborear lo que habías hecho y te habían dicho el día anterior... lo bailado o sin bailar... Aquello fue poco tiempo, cambiando los domingos de resaca por domingos en casa de su madre, de su hermana, en casa de la mía... algunos en la propia casa...
Después llegaron los domingos esperando la vuelta de mi hijo a casa desde la de su padre. Esos domingos también me estrujaban las tripas. Era más síndrome de domingo que otra cosa, todo hay que decirlo.
Ahora, los domingos son relajados, tranquilos, calentitos, dejándolos pasar con suavidad, a veces mirando para otro lado, no vayan a creerse importantes...
Vaya! como han cambiado los domingos!
Estoy muy agradecida al tiempo. Al cronológico. No al atmosférico. Aunque a este último ya me he acostumbrado y lo llevo hasta bien.
Agradecida, decía. Sí. Al menos va acabando con la ansiedad. No con toda, que aun quedan reminiscencias que hacen eco en mi estómago, reclamando algo que no puedo darle pero que intento llenar con todo eso que no conviene al cuerpo, hasta que se vuelve a imponer la mente y, distracción tras distracción, alejamos el vacío hasta la siguiente andanada.
Si tuviera ese blog conectado directamente a la cabeza, escribiría muchas más entradas. Lo hago mentalmente casi todos los días. Me quedan divinas, con sus negritas y sus comillas y lo que haga falta.
En fin, que el tiempo va pasando y me voy convenciendo a mi misma de que esta es otra vida más, que ya he vivido otras y que otras más me esperan. Esta fe es únicamente para alejar la dichosa ansiedad, si no, no habría quien viviese.
Siento estar cubierta de un escudo que hace que todo resbale sin afectarme. ¿Cuándo se ha creado esa cubierta? ¿cuántas capas tiene? ¿hasta dónde es capaz de crecer?
Algo así hace que pases de ser personaje a ser espectador. Al menos debería hacerlo. Porque de pronto te encuentras siendo protagonista de algún momento puntual, doloroso, luminoso, o todo a la vez, que hace que todo lo que más o menos tenías controlado, se vaya al garete y te deje literalmente con el culo al aire, planteándote si es cierto que todo tiene un significado, porque si no lo tiene no lo entiendes, y entonces o eres tonta perdida o te falta un hervor y no te habías dado cuenta... y entras en un bucle sinfín hasta que duermes, limpias el disco duro y al reiniciar de un nuevo día, ves que todo es más o menos igual o quizás no, pero da lo mismo.
Tú eres tú y con eso tienes que vivir. A poco que te compares no tienes de que quejarte, por lo que empiezas la mañana con la teoría de la relatividad, sigues por felicitar un cumpleaños que te agradecen con un escueto "gracias" e intentas olvidarte de él, pues total tampoco lo conoces más que lo justo y es muy justo, así que vamos a intentar no pensar, que es un rato difícil, sumergiéndonos en las muy placenteras pérdidas de tiempo que tiene la red, dejando pasar la mañana y después la tarde del domingo, que siempre han tenido ese sabor tan especial, tan amargo muchas veces, con revoltijo de estómago incluido.
Porque si algo era desagradable era una tarde de domingo. La sensación ominosa de final, espesa, nauseabunda... hasta en verano se dejaban sentir las tardes de domingo, pese a que los lunes bien podían ser al sol...
Hace unos pocos años que me vacuné contra las tardes de domingo. Algo ayudaron las prácticas ejercidas en aquel entonces, pero quiero creer que todo el trabajo fue interior, como casi siempre.
Ahora que lo pienso, quizá es un exceso de significado el que tiene la culpa de que los domingos sean lo que son. Los domingos de la infancia eran el final de una semana que siempre era larga, así como el preludio de inicio de otra semana igual de larga... era tanto el tiempo que restaba hasta la madurez... yo quería ser mayor.
Después en la juventud, los domingos eran los de la resaca, el mal cuerpo después de la juerga del sábado, el saborear lo que habías hecho y te habían dicho el día anterior... lo bailado o sin bailar... Aquello fue poco tiempo, cambiando los domingos de resaca por domingos en casa de su madre, de su hermana, en casa de la mía... algunos en la propia casa...
Después llegaron los domingos esperando la vuelta de mi hijo a casa desde la de su padre. Esos domingos también me estrujaban las tripas. Era más síndrome de domingo que otra cosa, todo hay que decirlo.
Ahora, los domingos son relajados, tranquilos, calentitos, dejándolos pasar con suavidad, a veces mirando para otro lado, no vayan a creerse importantes...
Vaya! como han cambiado los domingos!
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