domingo, 15 de enero de 2017

Invierno introspectivo

El invierno es la noche de las estaciones.
El momento del silencio y la introspección.
Aunque es de día, está oscuro y se oye una lluvia incesante, sin viento, que arrulla.
Me hace rememorar, una vez más, mi infancia.
Aquellos domingos en que nos levantábamos con un nudo ya en el estómago, pues los domingos es lo que tienen, y lo primero que hacíamos era arrimarnos al fuego y mirar por la ventana.
Aquel cielo oscuro, plomizo, cargado de lluvia, la tierra ya empapada de tanta agua.
Lo hipnótico de las gotas sobre los charcos.
La pereza que envolvía una burbuja de ansiedad infantil.
Añorar el sol al mismo tiempo que ejercitábamos la resignación invernal.
Las horas interminables que acababan en el abismo del domingo por la noche.
Intentar esquivar las obligaciones que te sacaban de casa. Rezar para que a tu madre no se le ocurriera alguna actividad que te alejara del calor de la cocina y tener que ponerte tanta ropa que casi no podías moverte para, igualmente, pasar el día helada. Un frío que entristecía.
Tebeos y libros eran el refugio, si no se cortaba la luz. Las emisiones televisivas eran escasas cuando se sintonizaban, pues el mal tiempo hacía de las suyas en repetidores y líneas eléctricas. La creencia de que leer con la luz de las velas era nefasto para los ojos, me dejó noches eternas consagradas al esfuerzo de dormir y soñar.

Hubo un tiempo en que el recuerdo constante de mi niñez me desasosegaba. Ahora, en cambio, me resulta como un bálsamo reparador. Que aromas, sonidos, luz, te lleven sin esfuerzo a tantos años atrás… años en los que tenías todas las páginas del tiempo por escribir.

1 comentario:

Carmela dijo...

Es cierto, el invierno nos retrae a nuestra infancia, y es curioso, por qué no otra estación?, pero es así.
Un beso.